Conozco todos tus tiempos, todos tus movimientos, todos tus perfumes,
y tus sombras, y tus silencios, y tus pechos
qué temblor tienen, y qué color,
y tu andar, y tu melancolía, y tus cejas,
y tu blusa, y tu anillo, y el segundo,
y no tengo más paciencia, y pongo mi rodilla en las piedras,
y te suplico,
dame a luz.
Conozco todo más allá de ti,
tan lejos que no hay más cerca -
allende del atardecer, allende del horizonte, allende del mar...
y todo lo que está más allá,
y tan lejos que no tiene más nombre.
Por eso doblo mi rodilla y la pongo
sobre la de las piedras, que la mascullan.
Y te suplico,
dame a luz.
Conozco todo lo que tú nunca conoces, de ti misma.
El latido que sigue al latido que oyes,
el final de la palabra cuya primera sílaba acabas de pronunciar,
los árboles - sombras de madera de tus vides,
los ríos - sombras movidas de tu sangre,
y las piedras, las piedras - sombras de piedra de mi rodilla,
que yo inclino ante ti y te suplico,
dame a luz. Dame a luz.
Translator: Vasile Andreica
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